Recompensas y Castigos

En la filosofía Montessori se practica un sistema que me gusta mucho. Por ejemplo: en el salón de clases cuando un [1]niño busca a su guía (maestra) para mostrarle su trabajo, la guía le responde: “bien, terminaste tu trabajo”. “¿Cómo te sientes?” “¿Qué me puedes decir de este trabajo?”

La guía, no le hace fiesta al niño por haber terminado su trabajo o haberlo hecho bien. El propósito es que el niño se sienta bien por lo que realizó y no esté esperando reconocimientos, ni bombos y platillos por su labor. Este trabajo lo hizo bien por él y para su satisfacción propia. El niño aprende a realizar sus trabajos y completar las lecciones porque esto le da un sentido de completitud y se siente orgulloso de su logro. La satisfacción que siente no depende de la reacción de su guía.

El niño, hace partícipe a su guía, pues ella le dio la lección de cómo hacer el trabajo y la guía amorosamente solo observa y conversa con el niño sobre como él se siente al respecto y le pide que le describa lo que completó. Esto se puede interpretar en diferentes áreas de la vida de ese niño cuando es adulto.  Evitará que cuando el niño se convierta en un hombre, no esté en la búsqueda de reconocimientos y aplausos.

Caminará por la vida realizando sus sueños porque es algo muy personal e importante para él,

y no se obligará a hacer cosas para agradar a otras personas como sus padres, jefes, maestros o superiores.

Este maravilloso sistema, ayuda a que el niño sea seguro de sí mismo, observe su trabajo y lo pueda describir con humildad y entusiasmo, pero sin esperar nada de recompensas. Recuerdo cuando era niña, cuando mis hermanos y yo sacábamos buenas notas, esperábamos un regalo o alguna recompensa.  Cuando lograba algo grande como fue para mí terminar mi bachillerato en Publicidad Comercial, me sentí muy feliz, pero una parte de mi esperaba elogios y reconocimientos.

Sané esa necesidad de reconocimiento y por eso creo importante llevar este mensaje a los padres, para que puedan ayudar a sus hijos en este asunto.

Por otro lado, el tema de los castigos me parece interesante porque los castigos desde mi perspectiva, no ayudan al niño a hacer una conexión con la Ley de Causa y Efecto.  La Causa y Efecto es una Ley Universal muy sabia e importante y por tal razón, se debe enseñar a nuestros hijos desde temprana edad.  Por ejemplo: Una madre le dice a su hijo: “si no guardas la plastilina, no te voy a comprar más”. El niño resiente a su mamá por esta declaración, es un castigo y ¡hasta una amenaza!, pero no vemos explicación del por qué es importante guardar la plastilina, cuáles son las consecuencias de no hacerlo.

En cambio le podemos decir: “Hijo si no guardas la plastilina, se pone dura y luego no vas a poder disfrutar de jugar con ella, porque te va a ser muy difícil moldearla”.

Está ahora en las manos del niño, es su responsabilidad si quiere guardarla bien para poder usarla nuevamente o no. Es una decisión que él toma y solo él es responsable del resultado. De esta forma, le estamos ofreciendo una amorosa guía.

Los castigos a mi entender, no son muy eficientes, me gusta el poder explicarle al niño y hacerlo responsable de que cada causa, trae un efecto y nosotros podemos escoger los efectos, trabajando responsable y conscientemente en las causas. Así al convertirse en adulto, ve claramente que él no es una víctima de la vida o que la vida lo castiga, él sabe que sus decisiones crearon su realidad actual, ¡Causa y Efecto!

Como asistente de maestra en el Colegio Montessori, aprendí estas técnicas y las aplicábamos con los niñitos en nuestro salón de clases. Eran pequeños de 3 a 5 años, alrededor de 25 niños y me parecía maravilloso ver como ellos estaban tan receptivos a estas enseñanzas. Le decíamos: “tienes que sentarte aquí unos minutos a relajarte y pensar porque tomaste esa decisión, esta es tú decisión”. Luego el niño nos decía: “estoy listo”, venía hacia una de nosotras, sus guías y nos explicaba por qué tuvo que sentarse unos minutos (usualmente eran solo 3 minutos, la Regla Universal es un minuto por año del niño, o sea si tiene 3 años, pues 3 minutos), pero ellos mismos determinaban cuando estaban listos para pararse y hablarnos.

Para concluir, nosotros escogemos si queremos aprender a través del Amor o el Dolor. Estas son las enseñanzas que le entrego a mi hijo de un año, SaiMir Milán.

Raisa Espinet Batista para © Innóvat Puerto Rico, 2015

[1] Se refiere tanto a niña como a niño, sin deferencia de género.

Un pensamiento en “Recompensas y Castigos

  1. Me parece excelente y a todos los que quieran ser padres y madres debieran coger un curso aunque sea básico de principios como éste para empezar a crear unos ciudadanos más felices y productivos para una mejor sociedad. Gracias por lo que compartes.

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